Reformula tu toma de decisiones

Tomar una decisión es un proceso simple si obviamos el papel del miedo.

 

Numerosos articulos consideran que tomar decisiones de modo autónomo y responsable es sopesar los pros y los contras de las distintas alternativas posibles en una situación y aceptar las consecuencias de la elección.

 

No obstante, cuando la persona siente miedo al fracaso, a no ser reconocido/a, y al paso del tiempo sin lograr ciertos objetivos, la dificultad  para encontrar las ventajas se incrementa notablemente. 

 

La mente puede distorsionar los pros de aquello que nos planteamos motivados principalmente por una emoción, el miedo. 

 

El miedo es la ausencia total de amor, y el amor refleja la pasión del compromiso sin que importe la dificultad. Así que el miedo nos lleva a pensar recurrentemente en el error: y si me equivoco? lo difícil que será... y si no lo logro? y si me canso? y si lo dejo? y si no es suficiente?

 

Y aquí está la clave: debemos reinterpretar el error para encontrar nuestro motivo de acción y facililtar la decisión a tomar. De lo contrario, podemos desenfocarnos y alimentar el bucle de autodesconfianza que nos desmotiva y confunde.

 

Los errores son una etapa del éxito que no conviene ni evitar ni penalizar. Si resignificamos la interpretación de los errores pasados, presentes y futuros, seguramente podamos tomar con vigor nuestras decisiones. 

 

El error puede ser un retraso necesario, un cambio de rumbo imprescindible, una correción de aquello que no estaba haciendo bien, una oportunidad para mejorar, y un aprendizaje sin fin. Como dijo Thomas Alva Edison: "No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”.

 

 

Desde la nueva corriente sociocultural “el errorsimo”, el cual revaloriza la función del error como instrumento de trasformación, la toma de decisiones sea probablemente mucho más sencilla.