La adversidad: el acompañamiento de uno mismo como recurso

La adversidad se da cuando la persona està ante un hecho de vida grave, complejo, desfavorable y difícil de sobrellevar.

En una situación de adversidad, la mejor actitud es la que genera el afrontamiento en solitario. Esto permite que la persona enfoque mucho más y mejor.

Para poder hacer frente a la adversidad es necesario tener una serie de condiciones personales en acción: la paciencia, el no cesar en el esfuerzo, tener optimismo, esperanza, fortaleza y valor para no rendirse.


Se tiene que seguir aunque en ese momento la persona piense que ya no se pùede hacer nada. Es decir, la persona no  debe dar nada  por perdido, aunque esté perdido.


¿Cuál sería la mejor posición ante una adversidad?

Como decía Séneca: “No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene la oportunidad de ponerse a prueba”.

Hay que aprovechar los elementos inherentes a la adversidad que están en juego: la esperanza, la fortaleza, el optimismo, la fe, la confianza y el empoderamiento.

Victor Frankl, en “El hombre en busca de sentido” habla de la esperanza sobre la capacidad humana de transgredir las dificultades y descubrir la verdad profunda que nos orienta y nos da sentido a la vida.

Y es justamente aquí, donde se genera el propio acompañamiento ante la adversidad. Para detectarlo y activarlo, hay que sufrir y tocar fondo, que más adelante dará sentido a lo que la persona está viviendo y le generará paz interior. Esto es lo que da sentido al propio acompañamiento en la adversidad.

¿Quién mejor que uno mismo?

Una vez más se produce un aprendizaje que hay que valorar y celebrar: Vale la pena vivir y seguir haciéndolo, dado que siempre hay un para qué.

Hace poco tiempo alguien me dijo algo muy sabio:”el corazón deja de latir, pero no deja de querer”.

Reyes Miró, 2021