DEPENDENCIA EMOCIONAL CON LA COMIDA


Para entender la relación de la dependencia emocional y la comida, tenemos que explicar primero la dualidad  hambre/amor. Son dos conceptos que , aunque parecen lo mismo, no lo son.

El hambre se resuelve con el alimento, y el amor cuando la persona es alguien para el otro y  se siente deseado por el otro.

Los dos conceptos van de la mano y coexisten desde el principio de la vida de la persona. Desde el nacimiento se recibe el alimento , ya sea lactancia materna o artificial, con un vínculo afectivo ( palabras, caricias, canciones,contacto físico...).

Cuando la persona sufre un problema alimentario , encualquier momento de su vida, ( obesidad, anorexia, bulimia,...) se produce la expresión de sentimientos y emociones no verbalizadas, latentes en el inconsciente. 

Desde este punto de vista, detrás de un problema alimentario se encuentran emociones como el desamor, el abandono, la culpa, la rabia, la tristeza, los celos, la angustia,...

Todos estos sentimientos- conflicto  los ha  intentado resolver la  mente en un primer momento.  Cuando la persona no dice lo que siente, se traga una emoción negativa,  esto le alivia la tensión emocional, aunque, evidentemente no resuelve el malestar.

Llegados a este punto,  acaba hablando el cuerpo. Y en este punto, si  la persona es capaz de pensar, de reconocer lo que siente y de expresarlo, se rebaja sensiblemente la necesidad de comer.

 

Pero vayamos un poco más allá y veamos la diferencia entre DESEAR/ NECESITAR: la comida es necesaria para subsistir, pero el deseo de comer es psicológico y  no se agota nunca.

 

En el mundo emocional de la comida,  habría que diferenciar 3 grandes elementos:

  1. El miedo a crecer, que se relacionaría con un ambiente familiar muy sobreprotector.
  2. Sentimientos agresivos: destruir lo que hace daño al cuerpo, por ejemplo tragando la rabia ésta se vuelve autoagresiva.
  3. Dificultades afectivas: la comida puede aliviar la amenaza de desborde que percibe la persona. 

Cuando no se saben interpretar la soledad, los celos o el aburrimiento se suele disparar la ansiedad por la comida.  Y, en este punto, se pierde la consciencia  y el control de lo que se está  haciendo.

Observar el comportamiento alimentario que se tiene, y valorar si se come por necesidad o no, es el primer paso para pensar que estamos o no ante una dependencia emocional con la comida. En un segundo momento, podemos aplicar la Técnica del Reloj, que consiste en cronometrar una comida y, a partir de ese momento, aumentar en 5 minutos la comida siguiente.  Así damos tiempo a nuestro estómago para detectar la sensación de saciedad y , por ende, empezar a tener más control en la ingesta de alimentos para que no se vaya más allá de cubrir la necesidad de comer.

Cuando llevamos unos días haciendo dieta nos puede entrar una serie de pensamientos y sensaciones contrarias a nuestro objetivo inicial. Estos procesos cognitivos y emocionales son producto de una parte de la nuestra mente, “la mente boicoteadora”, la cual se convierte en nuestra compañera de camino. No obstante nunca suele ser un camino llano y fácil, sino con subidas, piedras, terreno arenisco y resbaladizo que nos hace retroceder unos metros atrás, y volver a empezar la dieta una y otra vez. Eso sí, con mucha fatiga y menos ganas. La “mente boicoteadora”, dueña de esta fatiga, secuestra parte de nuestra mente, y nos hace tener pensamientos boicoteadores como; “y si….” “ por un poco…” “por un día….” “ luego lo compenso…”. Estos luego se convierten en acciones compulsivas relacionadas con la comida y posteriores emociones insanas y disfuncionales (preocupación, depresión, ansiedad…)

Para que una dieta funcione, tenemos que poner limites a nuestra relación con la “mente boicoteadora”, si no queremos angustiarnos. Cuando el hambre se presenta, se nos ocurren una legión de recursos que no siempre nos ayudan a tirar adelante. Este post tiene como objetivo arrojar un poco de luz a las tinieblas. Evitar afrontar las dificultades, dejar de hacer los ejercicios, excusarte, autojustificarte y encerrarte es una ocurrencia magnífica para dejar de realizar tus objetivos. Pensamientos “y si…” Sentimientos “preocupación, estrés..” Acciones compulsivas “comer 3 cruasanes” Para ello es necesario conocer el hambre emocional, el cual tiene una estrecha relación con la “mente boicoteadora”. El hambre emocional es ese comer sin pensar, repentino y sin percibir la señal de “hambre” a nivel fisiológico. Buscamos canalizar la emoción a través del acto de comer y cubrir esa sensación de debilidad, frustración, rabia, nervios… En este punto, la mente nos boicotea, ya que empieza a decir frases como las comentadas al inicio del post. Estas tienen un precio; sentiremos culpa, vergüenza o tristeza por comer aquello prohibido o hipercalórico, sin fin y compulsivamente. En este punto, muy peligroso, podemos llegar al principio de un bucle sin fin.